¿Y ahora qué?
—¿Y ahora qué?
—Recupérate y vuelve a ser tú.
—¿De verdad?
—Sí.
—Pero ¿cómo?
—Ahora puedes pensar en ti.
—No puedo.
—Solo inténtalo.
—Mientes.
—No, pero prefieres no creerme.
—¿Por qué debería hacerlo?
—Te ayudaría a salir de esto.
—¿Cómo? ¿No ves que estoy loca?
—La locura puede ser un don.
—Tengo que dejar de hablar contigo. No eres real.
—Puedes intentarlo, pero te quedarás sola, y eso te asusta más que estar loca.
—¡Maldita sea! ¡Cállate!
—Lo haré cuando te calmes.
—¿Qué he hecho?
—Algo impulsivo, pero necesario. Quizás se nos fue un poco de las manos…
—¿Un poco?
—Era un abuso, teníamos que detenerlo. Admito que golpearle en la cabeza veinte veces fue demasiado, pero ¿qué podíamos hacer?
—¿Dialogar?
—No nos escuchaba.
—¿Denunciar?
—Nadie nos habría creído. Era perfecto, decían.
—Y ahora, ¿qué hacemos?
—Disfrutar de nuestra libertad. Mejor estar viva y en la cárcel que seguir viviendo en el maltrato hasta acabar muerta.
